El Sevilla de Ricardo
Es como un elixir dulce, del cual las venas se enamoran formando parte de tu sangre… un trozo de aire reservado para determinado tipo de almas y una vela paradójica que crece a medida que se va consumiendo.
Un frágil sentimiento que una bandera apasionada cubre mimándolo como al mejor sueño de todos.
Una sensación profunda como el océano infinito o como el ciprés que porta almas hacia aquello que nos han hecho llamar cielo.
Aparece de manera inocente insinuándose en forma de escudo de once barras y un balón tejido de cien mil ilusiones…
Metiéndose donde la ciencia no tiene operación exacta para poder definir; poco a poco, dulce, dulcemente.
Empiezas a temer… temer a lo desconocido, temer a pertenecer a una idea, a entregarte, a enamorarte, a sufrir, empiezas a temer al temor, temor por perder el control, temor porque sea él, el dueño de tus lágrimas.
Pero ya es demasiado tarde…lo estás echando de menos.
Te das cuenta que estás empezando a ver lo perfecto en la imperfección, a cantar sus cánticos desde la inconsciencia, a sentir algo que te recorre el cuerpo cuando le pronuncias, a vibrar tu piel al sentirlo cerca, a querer agarrarlo con fuerza y no dejarle escapar jamás, a quererlo querer, a quererlo amar, a quererlo hacer tuyo… hasta la muerte.
Yo, soy Sevillista.
Soy Sevillista.
Un frágil sentimiento que una bandera apasionada cubre mimándolo como al mejor sueño de todos.
Una sensación profunda como el océano infinito o como el ciprés que porta almas hacia aquello que nos han hecho llamar cielo.
Aparece de manera inocente insinuándose en forma de escudo de once barras y un balón tejido de cien mil ilusiones…
Metiéndose donde la ciencia no tiene operación exacta para poder definir; poco a poco, dulce, dulcemente.
Empiezas a temer… temer a lo desconocido, temer a pertenecer a una idea, a entregarte, a enamorarte, a sufrir, empiezas a temer al temor, temor por perder el control, temor porque sea él, el dueño de tus lágrimas.
Pero ya es demasiado tarde…lo estás echando de menos.
Te das cuenta que estás empezando a ver lo perfecto en la imperfección, a cantar sus cánticos desde la inconsciencia, a sentir algo que te recorre el cuerpo cuando le pronuncias, a vibrar tu piel al sentirlo cerca, a querer agarrarlo con fuerza y no dejarle escapar jamás, a quererlo querer, a quererlo amar, a quererlo hacer tuyo… hasta la muerte.
Yo, soy Sevillista.
Soy Sevillista.


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