Crítica a la razón práctica

"Porque hay sueños que valen... más que todas las realidades" Antonio García Barbeito

Mi foto
Nombre:
Lugar: Sevilla, Sevilla, Spain

4/26/2010

NO HAY HÉROES NI VILLANOS


Sólo quería contarte un secreto. Uno íntimo, como todos los secretos, pero ruidoso, tanto, que hoy no puedo irme a dormir sin confesártelo. Me has hecho daño. No me ha gustado cómo has hecho las cosas, sobre todo hoy, más que nunca hoy. Me dejé llevar por ti, es cierto, y quizás te di demasiada responsabilidad incluso antes de saber dónde estaban tus límites. Pero no pude evitarlo, era cuestión de todo o nada, y aun sabiendo que uno podría convertirse en el asesino, y el otro, en el que va a morir, preferí que tú me mataras; antes de coger yo, mi propia espada. Como compañero recorrimos mil caminos mientras a veces se me escapaba: “ya no puedo irme con otro, te he desnudado demasiadas veces”. Tuvimos días de gloria, montañas rusas, excesos, malditos gurús, noches en vela, bailes nupciales, brindis, orgullos que se salían de la camisa. Tuvimos rascacielos llenos de ascensores que no hacían sino subir y subir sin mirar hacia abajo, sin perder el equilibrio, sin ser conscientes de que siempre hay un último piso. Y bajamos dos peldaños dándonos cuenta de lo alto que habíamos escalado, despacito, con filosofía, sin miedo al paso de los años. Es importante dejar la puerta entreabierta, para seguir discerniendo si es de noche o es de día, para no perder el rumbo, por mucho que digan ellos, ambos sabemos que este sueño sigue vivo aquí adentro.


Nada es constante, excepto el cambio. Y yo, yo estoy dispuesto a cambiar contigo; pero es importante que recuerdes que esto es cosa de dos, que estamos juntos porque nos deseamos, porque seguimos siendo libres. Si pasamos ese centímetro, si sobrepasamos la distancia adecuada y te olvidas de mí cuando comienzan las plegarias, estaremos perdidos y ya no habrá motivo de batalla. Quiero luchar contigo, déjame caer contigo. Déjame creer que lo hemos intentado todo, que hemos muerto a nuestra manera. No me importará, te seguiré queriendo igual, seguiré cantando ese himno con el mismo orgullo del primer día, y mi camiseta, más blanca que nunca, recorrerá lo que sea necesario para estar a tu lado.


Sólo si tú quieres, sólo si tú me dejas.

10/27/2007

El buen periodismo

Cuando somos pequeños y nos preguntan qué vamos a ser de mayor tenemos un repertorio tan inocente como utópico, pasando desde superhéroe a “sencillamente” millonarios. Pero algo que he podido comprobar con el paso de los años ha sido mi fidelidad a un camino: el periodismo. Con lo difícil que es recordar lo que cada amigo ha decidido estudiar (sobre todo ahora que estamos en un mundo donde cada vez sabemos más, de menos) a mí aún no me han preguntado qué es lo que finalmente decidí. Y eso me abruma.
Con ganas de aprender, me llegó el primer día de carrera un artículo de un polaco llamado Ryzarsd Kapuscinsky titulado: “El buen periodismo”.
Antes de él, yo ya tenía mis propios “héroes” como Julia Navarro, Antonio Burgos o Juanma Trueba, entre otros; pero ninguno logró que me quedase días y meses, y por qué no decirlo, años, pensando la inmensidad de aquellas palabras que muy pocos periodistas llegan a plantearse a lo largo de su carrera.
La idea principal del artículo venía a decir que un periodista debía ser, ante todo: una buena persona. Porque tenía la responsabilidad de ser la voz de los demás, porque podía moldear y crear nuevos pensamientos, porque jugaba con la confianza de los demás y porque tenía la ventaja de saber ya, qué te quería contar. Eso me hizo reflexionar mucho, porque yo, aunque aún no tenga el derecho de decirlo (pero no puedo evitar sentirlo) amo, esta profesión. Y creo en ella. Y considero que es necesaria, que es bonita, que es humanitaria, que da vida a las palabras, que las vuelve importantes. Que son artistas por lograr transmitir sin contacto físico sentimientos y emociones a través de comas y puntos, de adjetivo y de sustantivos, de pronombres y adverbios. Y porque una persona que va al quiosco, se gasta su dinero y su tiempo en leerte: tú debes corresponderle. Dando lo mejor de ti. Y no mintiendo ni aprovechando tu superioridad momentánea ni tus minutos contados de protagonismo. Por ello y por mucho más, lo que los sevillistas hemos vivido estos últimos días en programas de telebasura (o telemierda), puedo asegurar que no son periodistas. Porque ni siquiera son personas.

Nosotros

Yo no tengo años para saber qué jugador era aquel que sale en una foto en blanco y negro ni tengo estudios para que mi voz mueva las opiniones de un país entero.
Ni siquiera puedo presumir de “Memorias” para buscar en ellas y tener una base consolidada de por qué ese sistema de juego es mejor que ese otro, o por qué en determinado partido debemos usar la estrategia de juego número 3, y guardar la número 2.Yo no tengo, ni puedo, hablarte de eso. Pero nadie me quita todo lo que ya tengo escrito, ni todos los momentos que ningún experto en sentimientos sabría detallar. Porque he sido, soy, y seré, Sevillista. Y porque me considero de él, lo conozco. Y porque lo conozco, sé cómo es.
Y sé que ahora, está mal.
Lo veo dormido, sin fuerzas ni casta y coraje. Lo veo sin ganas de seguir luchando, como si se hubiera olvidado lo que sentía al vivir soñando…
No somos peores que ayer, no nos han cambiado a nuestros hombres ni han dejado a la calidad aparcada en el parking de la temporada pasada. Siguen siendo ellos, pero sólo físicamente. Porque su moral, al igual que la nuestra y del Pizjuán, está herida, nostálgica, sin rumbo, perdida. Muchos hemos reflexionado después de que nuestro Eterno 16 fuera fichado por la Liga de las Estrellas, y muchos nos cuesta seguir animando después del minuto 16 no se escucha ni un suspiro, ni el eco de los quejíos…
Pero nos cueste o nos moleste, la vida sigue. Y nuestro Sevilla sigue cumpliendo años, el calendario no da marcha atrás, el escenario no va a esperar. Creo que somos todos y cada uno de nosotros los que más que nunca debemos estar unidos y orgulloso. Sobre todo orgullosos. Debemos ir al campo y alzar como nunca antes nuestra bandera carmesí, debemos decir más que nunca: “Cada día te quiero más…” Tenemos que levantar como más duele el paso, a pulso, pero tenemos que hacerlo así, finamente, con amor a unos colores.
Debemos hacerles entender que no llevan una camiseta con escudo, sino un escudo en la camiseta.

FELICIDADES

Te has podido sentir grande cuando al nacer te adornaron con una bufanda más larga que tú y te guardaron el futuro de recuerdo. O cuando fuiste por primera vez al Pizjuán y al mirar hacia abajo agarraste la mano de tu padre porque perdías el equilibrio.
Te has podido sentir grande cuando veías como tu número de socio era cada vez más fiel, cuando decidiste guardar un rincón del armario para camisetas con el olor de los años, o cuando ganamos 4-1 al Madrid allá por la temporada 2003/2004 alegrándonos la jornada, la semana, el mes, y la temporada entera.
Te has podido sentir grande cuando al sacar tu billete de embarque europeo viste que en tu muñeca había atada una bufanda blanquirroja, o cuando fuiste al quiosco a comprar un ejemplar de cada periódico donde en la portada estaba tu capitán levantando, una, una o cinco, cinco copas.
Te has podido sentir grande cuando tu hijo te pedía que le cantaras el himno del centenario por las mañanas, o cuando 45000 almas cantaban al unísono: “Hasta la Muerte”.
Te has podido sentir grande cuando el grito del gol de Puerta fue el más ahogado porque sólo pensabas en los que ya no están, o cuando al poner el televisor España entera se rendía al juego, al luchar, de tu Sevilla.

Pero yo te puedo asegurar una cosa, sevillista: No fuiste grande por el hecho de ganar, sino por el hecho de creer. Aun por si acaso te quedaba alguna duda, sólo tienes que encender la radio, poner la televisión, o coger un periódico.
Pues dicen que estamos en crisis. Los grandes sabios de este campo que tantos años han estudiado, dicen que estamos en crisis. Y sólo hemos perdido dos partidos de liga.
Sólo dos partidos.
Ahora, es cuando del todo, eres grande.

¿Vas a dejar de luchar?

Porque no todo en el fútbol es una suma de ceros o una vitrina renovada. Porque no es un balón con estrellitas negras ni un titular oficialmente halagador. Porque fue el primero que se preguntó lo que cada mañana en cada bar de cada calle sevillana nos preguntábamos. Porque no entendía que si jugaba el Madrid contra el Sevilla y ganaba el Sevilla no es que hubiera ganado el Sevilla, sino que había perdido el Madrid. Porque no comprendía por qué todo lo nuestro valía menos; por qué la UEFA era una pachanga de segundos o la Supercopa un trofeo de verano. Porque supo leer nuestras lágrimas y levantar a pulso nuestra ilusión. Porque nos demostró que si no defendemos lo nuestro, nadie lo hará por nosotros. Porque no le presentaron el vivir, sin su Fábrica de Sueños de Nervión. Porque hemos oído resquebrajarse su voz poco a poco a trocitos. Porque se sentía el más afortunado sólo por podernos contemplar. Porque nos ha recordado lo Grande que somos. Porque nos ha hecho llorar de alegría y reír de tristeza. Porque nos prometió que nunca caminaríamos solos. Porque sus suspiros son suplicantes de justicia. Porque es uno de los nuestros. Porque muchos fueron a Glasgow gracias a él y su pelea contra la mercancía de entradas. Porque luchó contra quien osaba hacernos daño. Porque ha sido la catedral de lamentos cuando nos hemos sentido solos. Porque hipotecó su vida para regalárnosla sin ánimo de lucro. Porque es el papá de nuestra radio. Porque nunca buscó fama y aún se ruboriza si le pides un autógrafo. Porque nos hizo ser Sevillistas cuando se ganaba y Ultrasevillistas cuando se perdía. Porque elaboró con mimo nuestro escudo infranqueable, porque buscó la Verdad, porque es un Sevillista sin pedir más.
Porque todavía recuerdo cuando en Madrid me decían: “Sevillanos, yonkis y gitanos”, y yo sólo escuchaba: “Llevo un pin, lo llevo siempre, junto a mi corazón…”.
Por eso, y por mucho más, hoy le digo al primer talibán de nuestra legión, que como dice nuestro lema tan sólo se pierde cuando se deja de luchar. Mira el título, Jesús.

5/24/2007

Porque somos más de uno, porque lloramos igual que todos

Vamos a jugar a un juego. Consiste en ser ignorantes y todo lo que haga pensar, rechazarlo.

Al llegar mi padre de Glasgow me pidió que le fuera a comprar toda la prensa que viera sobre la gran final. Y así lo hice, saludé al quiosquero que es del equipo contrario, compré todo lo habido y por haber, y me senté en el salón a leer las crónicas.

Como todos sabemos, en esta final eran dos los equipos españoles que habían logrado llegar, y como en este país nos encanta dividirnos, poco tardaron en salir las encuestas de quién querías que ganase la Copa de la UEFA. El Espanyol ganaba de forma brutal y el argumento más usado era: “Porque a mí Del Nido me cae mal, es prepotente, creído, y debe estar en la cárcel.”

Si seguimos jugando al juego que dije arriba, todos asentaríamos y firmaríamos lo escrito arriba. Pero, ¿No es demasiado incluso para un “tonto”?

Que le digan a algo que quieres de verdad que no se merece ganar porque Del Nido no es simpático es muy doloroso.
Del Nido es una persona, UNA. Que está en el puesto de honor de mi entidad, pero que ni mucho menos sabe reflejar lo que sentimos cada domingo

Que le digan a mi padre y su dinero ahorrado a base de piropos hacia mi madre que sus lágrimas son de Del Nido, no de él. Que le digan a toda la historia del Sevilla que fue escrita por Del Nido no por sus cien años de vida. Que le digan al abuelo que lleva a su nieto al campo que está representando a Del Nido, que no está llevándolo por su propia voluntad, que no ama por amar, y que no quiere por querer. Que todo está condicionado.

Somos tantos los que hemos sufrido por este club, los que desde la máxima humildad hemos ido creciendo, los que han trabajado día y noche porque España entera sepa que estamos ahí, los que cada verano ahorramos para comprarnos el ilusionado carné, los que teníamos el corazón encogido cuando veíamos que la Copa que nos cambió la vida se ponía difícil… y ahora tenemos que aguantar que nos digan que no les caemos bien porque Del Nido es prepotente.

Y eso duele, a mí me duele. Duele ver como el equipo de tus amores no es querido y tú no puedes hacer nada. Muchos dicen que mire para otro lado. Pero es que yo no quiero. Yo quiero me quieran porque sé que podemos hacernos querer. Porque estamos soñando como todos, porque lo queremos, porque lo adoramos, y porque no me gusta leer esos ataques sin “feed-back” que recibimos desde todas las puntas de España.

Nunca odiaré a un Club por un presidente, ni a una ciudad por un monumento. Me gustará o me dejará de gustar por su gente, y creo que en eso los Sevillistas siempre hemos sido amables y respetuosos. Nunca se va una afición del equipo rival sin ser aplaudida o una bandera sin ser cambiada. Nunca dejaremos de dar las Gracias a todo aquel que quiera tender su mano, ni a cambiar un cántico por otro en forma de amistad.

Por favor, dejadnos soñar. Reconoced si hacemos las cosas bien y criticadnos cuando las hacemos mal. Considerad nuestro esfuerzo y nuestra entrega al fútbol. Pensad en las personas, nunca en los presidentes. Pues ellas son, las que al fin y al cabo, hacen el camino, sin parar de animar.

Más Sevillista que nadie

Nada más llegar a Madrid, en un sistema de transporte que siempre apoyaré, pero nunca entenderé, me robaron la cartera.
Mis objetivos de invitar al sol a cerveza y disfrutar sin saber cuánto vale su hipoteca se esfumaron en apenas dos horas desde mi llegada a la capital.
Una empresaria de lujo se convirtió de repente, en una gorrilla de los aledaños de Nervión. Pero me daba igual, mi entrada, Gracias a Dios guardada en la maleta, seguía sana y salva.

Pasó un fin de semana entre prisas, momentos de angustia y contando cada céntimo como paño en oro. Me costó aprender que si vas en las escaleras mecánicas sin prisa debes ponerte en la derecha, que hay que pedir turno para tomarte una tapa o que si querías entrar en una discoteca debías pedir un préstamo, para pagarlo por plazos.
Pero llegó el día del partido y aún estaba allí, cansada y sin dormir, con tres euros en el bolsillo, sin móvil, sin cartera, pero, con la bandera.
Me encontraba en el número 66 y debía ir al ocho. No miento si para pasar del 66 al 64 debes recorrerte aquí la Palmera entera, pero qué hacer que no fuera correr, si llegaba tarde y sólo tenía de mis dos piernas para moverme poder.
Una pareja de anciana edad atisbé a lo lejos. El señor con chaqueta y corbata y su señora, con traje de Domingo de Ramos en tonos rosados. Cansada de pitos de coches diciéndome que éramos unos gitanos, me alegré, por qué no decirlo, de cruzarme con ellos.
De repente, el hombre, soltándose del brazo de su esposa, levantó los brazos para decir: “Gitanos, desgraciados, inmigrantes, vete a tu país desgraciada que venís aquí para robarnos nuestro dinero, que sólo sabéis bailar sevillanas”.
Yo, yo no respondí, no dije nada, no me salían las palabras.
Me sentía sola, me quería ir de allí.
No veía a hinchas del Pizjuán, nadie me gritaba Viva el Sevilla, nadie ondeaba una bufanda rojiblanca, nadie me consolaba, tan lejos del hogar.
Esperando a la primera lágrima víctima de todo acumulado, me sorprendí a mí misma cuando empecé a caminar más deprisa.
No puedo explicar qué me pasó, pero era más feliz que nunca. Estaba orgullosa de llevar mi bufanda colgada de la muñeca izquierda como señal de posesión, estaba sintiendo como cuarenta y cinco mil almas me susurraban “vamos mi Sevilla, Vamos Campeón…”, los pelos se erizaban, el corazón se insinuaba, la sonrisa se despejaba… me sentía más poderosa que cualquiera de las nueva Copas de Europa, yo era del mejor equipo del mundo, no porque lo digan otros, sino porque así lo pensaba yo.

Ahí me di cuenta de la historia de mi amor, que nadie me impuso a quién debía amar, que nadie podía decirme nada porque se enfrentaban con un escudo infranqueable, que lo amaba, que yo lo amaba, y que mi tímido cántico o mi fuerte pensamiento eran mejores que cualquier momento de una vida entregada a un sentimiento. Que yo soy Sevillista con mayúsculas, que quería que el mundo lo supiese, que llevaba cien años en mis espaldas, que el Guadalquivir me acompañaba, que la marea carmesí me ayudaba a portar esa bufanda, que no estaba sola, que no era vulnerable, que daba gracias mientras corría y corría queriendo gritarles que les quería, que somos Grandes, que tenemos el mejor título: el que no se puede comprar. Ni comprar ni guardar.
Porque somos nosotros, los que hemos conseguido heredar y hacer heredar este amor que nunca muere. Y aunque otros necesiten títulos para renovar su fe, yo entré y salí de aquel frío campo gritando lo mismo: Gracias, gracias...gracias, por dejarme formar parte de ti.

4/16/2007

Saquen la moraleja

Antes de su llegada, el enemigo parecía inconmensurable, invencible. Sus banderas se extendían desafiantes allí donde alcanzaba la vista y sus cánticos se elevaban alegres, como si, en vez de tropas que aguardaban un combate, fuesen los comensales de un banquete, que esperaban impacientes la llegada de la novia.
Nuestras tropas también cantaban, pero eran frágiles letanías que ya rogaban una muerte rápida o una terrible tormenta que forzase a los comandantes, por más que insostenible, a aplazar la refriega.
Pero era tal su presencia, que apenas llegó a asomar su quebrada silueta por encima de la loma, los humores de nuestros hombres cambiaron y pronto dejaron de implorar misericordia por sus pobres almas, para comenzar a rezar, esta vez, por la de sus enemigos.
Y por más que yo consideraba a aquel anciano un cobarde, no pude sino alegrarme de intuir su figura, pues si bien hubiésemos de dar gracias al cielo si sus marchitas manos pudieran sujetar aún con firmeza una daga, no dudaba que aquel hombre sabía infundir, mejor que nadie, valor a las tropas… Y valor, más que sabiduría y prudencia, era lo que necesitamos.
Pues aquel anciano que se abría paso con torpeza hacia el campamento, era toda una leyenda entre los soldados, que cantaban orgullosos sus gestas, que según se decía, habían sido algo más de dieciséis contiendas, y de todas y cada una de ellas había salido ileso, sin un rasguño, y con la victoria a sus espaldas.
Como correspondía a mi cargo fui al instante a recibirlo, y al ver la triste bestia sobre la que venía montado, le ofrecí en seguida una de las monturas del rey. A lo que el me respondió, bien alto, para que todos lo oyeran:

- Pues sabed, que esta triste bestia, como gustáis en llamarla, sabe más del arte de la guerra que todos vuestros oficiales. Y que allí en el frente de batalla, más hará por salvar mi vida, que todos los alazanes de su majestad.

Dicho aquello se dirigió perezoso, como era ya ritual de su ceremonia, hasta alcanzar la primera fila de las tropas, saludando a los soldados que encontraban a su paso con breves inclinaciones de cabeza. Una vez allí, como si el fuese el comandante, les dirigió estas breves palabras:

- Soldados, no lustramos hoy nuestras armaduras para cegar a nuestros enemigos, sino para que su sangre resbale mejor en nuestras corazas… ¡Decidme que no hemos perdido el tiempo!

Y sin esperar respuesta, alzó su espada y, abrazando con apetito aquella rutina, espoleó su caballo y se dirigió el solo hacia el enemigo.
Contagiados por la bravura del anciano, los soldados de su majestad se precipitaron sin pensárselo contra el enemigo, y con monturas mucho más jóvenes y fuertes, no tardaron en darle alcance, y fueron rebasándole uno y otro, hasta que su triste bestia no pudo sino quedar la última.
Momento en que aquella consideró oportuno detenerse y en el que el anciano osó dejarse caer del animal y esperar en la hierba fresca, a que se decidiese la batalla.

A.F.

3/05/2007

Como yo hablo, como tú escribes

Hoy en clase el profesor de Tecnología de la Información con motivo del próximo 28-F, ha expuesto el siguiente tema en clase: ¿Somos los andaluces vulgares en el habla?
Rápidamente las manos se han alzado, y sorpresa de mí cuando la mayoría tenía por respuesta: “Sí, deberíamos corregir nuestro dialecto, no está bien visto, se podría decir que es vago, malsonante, que chirría en los oídos norteños…”.

Qué pena.

Pero ellos no tienen la culpa de pensar así. Nos lo han metido en la cabeza desde pequeñitos. Que si somos los menos trabajadores, que si damos vergüenza ajena en los medios de comunicación, que si llevamos lo inculto por bandera, que si somos brutos, catetos… Cuando vemos una serie en televisión la muchacha suele ser andaluza, y su forma de hablar, más que andaluz, es basto. Suelen representar papeles para intentar reflejarnos en un espejo sin imagen. Porque los tópicos, son eso, tópicos, y porque vulgares los hay aquí, y en Pekín.

Además, desde un punto de vista lingüístico interno, es decir, considerando a la lengua como un sistema de comunicación, no hay razones técnicas para decir que una forma de hablar es “mejor” o “peor” que otra. Los andaluces nos comunicamos usando el sistema de la lengua española con nuestras propias características, es una manera distinta de utilizar ese mismo instrumento, y lo hacemos de acuerdo con nuestras peculiaridades históricas y culturales.
Y desde una perspectiva histórica, podemos decir que el andaluz ha ido resultando de una evolución del castellano. Al igual que éste mismo, pues el castellano resultó como un dialecto “desviado” del latín vulgar, negado por clérigos e insultado por nobles. Era el idioma del pueblo. Pero no por ello se nos pasa por la cabeza hoy que para hablar “bien” hay que volver a hablar en Latín. Lo que ocurre es que, cuando una lengua se hace “oficial” de un Estado, el modelo que se considera “ejemplar” tiende a ser, a menudo, el de la capitalidad, es decir, el lugar donde se halla la Corte.
Pero si echamos un poquito la vista atrás, veremos que antiguamente la lengua “ejemplar” era la toledana, más andalusí que castellana. Hasta que llegó Felipe II y decidió llevarse la corte a Madrid.

Por lo que él, no habla mejor que yo. Porque lo diga un rey, yo no soy vaga. Porque un acento no decide qué es lo correcto. No dice a qué hora me levanto cada día, no sentencia que no soy igual que él. Él puede ser vulgar hablando con “eses”, y yo puedo ser miembro de la RAE sin pronunciarla. Así que, andaluces, no calléis u os infravaloréis. Informaos por qué habláis como habláis, quién dijo sin criterio “esto es lo mejor”, y luego decidid, qué lengua vale más: El castellano que tú escribes, o el andaluz que yo hablo”.

Sonríe

Un café con la leche y temperatura ideal, un bonobús con dos viajes más, un partido que ganó tu equipo, un cigarro que aún te queda en el paquete, una cerveza en una plaza soleada, un bonito paisaje, un moreno de playa, una noche compartida, un libro que te obliga a leer, una canción preferida en un dial de radio, una camisa que te sienta bien, un semáforo que se pone en verde, una lágrima de felicidad, un abrazo de un rencuentro, un sueño profundo, un éxtasis de gloria, un conocimiento de verdad, un mensaje de cariño, un vaso de agua que sacia tu sed, un reloj que te dice la hora, un ascensor que está en tu planta, una voz que anhelabas, un mar que se desnuda delante de ti, diez euros en el bolsillo derecho de tu chaqueta, un peinado que te sienta bien, un objeto encontrado que dabas por perdido, una foto que te hace recordar, una cama hecha, un cuarto ordenado, una sonrisa que no puedas evitar, un horóscopo a favor, un cinco por los pelos, una fecha esperada, un clip que aún sirve, un bolígrafo con tinta, un beso deseado, un mechero con llama, un despertador que suena más tarde, un triunfo jugando al parchís, una comida que te gusta, un kilo que baja, un perro que se acuerda de ti, un bebé que llora cuando lo dejas, una lluvia en un domingo estudioso, una frase que te hace pensar, una ducha que despierta, un chiste nuevo, un paseo por la playa, una siesta sin fin, un baile sin que nadie mire, una postal de alguien que te echa de menos, un abrigo que te quita el frío, un trabajo que te gusta, un pañuelo que necesitas, un perfume que adoras, una textura que no puedes parar de acariciar, un regalo sin por qué, una carta de amor, una medalla por un logro, una mirada tímida, una fe acentuada, un concierto donde te sabías cada canción, una gorra que te deje ver con el sol, un gusanillo cuando esa persona se acerca, un casi nunca que puede repetirse, un pez que mordió tu anzuelo, una ola que te llevó hasta la orilla, una flor que nació para ti, una cadera que se toca, una cremallera que no se atranca, un bolso donde no se pierde nada, una persona que te quiere, un momento inolvidable, un futuro incierto, un corazón que late, un orgullo que nace, unas ganas que surgen, un saber que hay mucha vida, pequeños momentos de los que no somos conscientes pero rigen, sin saberlo, el motivo de nuestros sentimientos.

Sonríe, sonríe por lo que nadie lo hace. Sonríe por todo aquello que te guste que te pase y quizás no lo valores, sonríe porque eres alguien para muchos, por que tienes que soñar para vivir, y porque no se puede vivir sin apreciar.

3/03/2007

Condicional compuesto

Quizás la vida no nos ha tratado bien y hayamos tenido que conocernos ahora, tan tarde, tan lejos del comienzo cuando ya no somos nosotros, nosotros y el cuerpo. Y ahora haya mil y una agujas ocupadas sin segundos de piedad que regalar, o miradas fechadas por un desconocido que deciden el cómo, el dónde, y el cuándo.

No te puedo decir “te regalaría…” porque no hay sitio donde guardarlo, ni cajones vacíos para hacerlo. Todos están llenos y rebosan, e intentan vaciar agua con un cubo, para darte todo lo material inexistente, en palabras, en susurros, en abrazos.
Podríamos achacar nuestra mala suerte al destino, al calendario, a la geografía, a las vidas opuestas. Pero no sé si esto fue un regalo, o un ensayo de un amor, que nunca se estrenará; que siempre será entre bastidores rojos con suelo de madera, esperando sin poder, el comienzo.
Te contaría con teoría y praxis cómo te merecerías vivir, cómo te habría hecho sentir, como construiríamos la virtud en mitad del caos, de las manos y respirando, sin escuchar jadeos, ruidos, ni el eco de los quejíos…
Y mientras te fuera vistiendo con palabras y te me fueras desnudando con suspiros, dos cuerpos de naranja se unen: la fusión es posible, el equilibrio, es imposible.

Porque no podemos pedir oportunidades ni comida si tan sólo tenemos para saciar un poco la sed. Tendremos que conformarnos con el conocimiento de saber que existíamos, que no pudo ser, que pasearemos, sí, pero separados, con bolsas de distintas tiendas, con la lejanía de una acera, con la frialdad de dos mejillas. Sin mirar hacia atrás, por temor.

Sonriendo, porqué faltó de todo, y sobraron palabras, palabras de amor, para toda una vida.

3/01/2007

La mentira que todos saben, la verdad que nadie dice

Daría un cachito de mí si mi padre mirándome a la cara me dijese algún día: Qué orgulloso estoy de que estudies esta carrera. Entré, y os aseguro que saldré, pensando que se puede comer sin mentir, y dormir, sin calmantes. Porque yo quiero informar, quiero dar a conocer, quiero que confíen en mí, que cree opiniones, que sea veraz, que afirmen mientras lean, imparcial, racional, moral.
Pero ahora, como supongo que nos pasará a todos alguna vez, estoy de capa caída. Porque siempre que no sé de un tema (que es la mayoría de las veces) cojo al Mundo, al País, al ABC, a la SER, a Radio Marca, a Alvarado, a Antena 3, a Canal Sur, a mis amigos, a mi familia, a mis profesores: y pregunto. Y luego, cogiendo de todos un poco pero sin caer en el plagio, construyo mi opinión.
Lo que pasa es, que es la primera vez que en vez de preguntar, he tenido que corregir. Porque lo he visto todo con mis propios ojos, lo he vivido, lo he escuchado, lo he sentido. No me lo han tenido que contar porque yo he estado allí.
Y me duele. Me duele mucho que mientan. Me duele que creen odio hacia mi club, hacia mi entidad, hacia mi presidente. Me duele que comparen el negro con el grisáceo, y lo hagan todo blanco, sin diferencias ni preferencias.
Si alguien del norte me dice que las directivas del Betis y del Sevilla han actuado igual, ¿Qué quieres que te diga? Después de lo escuchado, yo, yo me lo habría creído. Y no podría ya rebatirte que no tienes razón, ni con pruebas ni hechos. Tú te crees lo que te han contado, y yo afirmo lo que no te han dicho.
Pero si queda algún resquicio de esperanza, déjame por favor contarte una cosa.

El Betis ha insultado hasta la saciedad a mi equipo, de todas las formas y maneras. Con actos y palabras. Bañándose en la gloria recordando a mi equipo cuando éste ganó la Copa del Rey. ¿El Sevilla hizo algo? Permíteme que te lo responda: NO. Haciendo camisetas “CIENtiendo” que el año de nuestro centenario, (aunque luego se equivocaron), ellos fueron los protagonistas del fútbol sevillano. ¿El Sevilla hizo algún “recordatorio” al Betis cuando ganó la Copa de la UEFA o la Supercopa? Permíteme que te lo responda: NO. Pegando pegatinas de su club en la portada de feria de nuestro centenario, con foto y burla incluida. ¿El Sevilla hará eso cuando llegue el momento? Permíteme que te responda: NO. Llamando “Ramona” a nuestro más célebre y querido presidente fallecido. ¿El Sevilla ha dicho “Loperra” al campo de Heliópolis? Permíteme que te responda: NO. Proclamando por megafonía lo ocurrido en el interior del palco creando VIOLENCIA. Negando la entrada, o peor aún, no asegurando la seguridad a familias sevillistas en un derbi de cuartos de final de copa del Rey. ¿El Sevilla ha negado o cohibido a algún bético para no ir a su feudo? ¿Ha dejado de ir algún año mi primo de 13 años al campo del Sevilla para ver a su Betis? Esto sí que te lo aseguro: NO. ¿Se ha quedado mi familia sin poder ir POR MIEDO, a defender unos colores? También te lo aseguro: SÍ. ¿Ha sufrido algún daño físico el presidente del Betis en el campo del Sevilla? Te respondo: NO. ¿Nos hemos reído de él poniéndole un busto (el famoso busto) o una bandera en su asiento o detrás de ella para conseguir una foto para la posteridad? Te lo respondo también: NO. ¿Lo ha hecho el Betis? Sigo respondiéndote: SÍ. ¿Le han dicho alguna vez a los guardaespaldas o seguridad privada del Betis que no tienen acceso al campo del Sevilla? Te respondo: NO. ¿Y el Betis? Prosigo: SÍ. ¿Ha dicho el Sevilla que NO a algún “acuerdo de paz” entre ambas directivas? Te respondo: NUNCA. ¿Lo ha hecho el Betis? SÍ.
Lo único reprochable a Del Nido fue su respuesta al empujón por las escaleras diciendo: “Al puro estilo Betis”. Pero es que señores, Del Nido es presidente, pero también es persona. Y uno puede aguantar… hasta que explota. Y te sale eso, un comentario, un único comentario del que pidió perdón. PERDÓN. Y ayer, intentó pacificar el ambiente manifestando que eso es un “animal” no un aficionado verdiblanco. Y que no pasa nada. Que no pasa nada.
Todo lo que tiene que tragar el presidente es admirable, porque si dijera lo que piensa como hacen los béticos aquí ocurriría una auténtica guerra civil.
Pero no, él calla, calla y traga. Y menos mal que lo hace, porque fijaros lo que le ha costado ese comentario: Que las balanzas se equilibren. Siendo injusto y creando impotencia. Impotencia porque no sepáis la verdad. Porque nadie escuche y sepa.
Que aquí no hay culpables, aquí hay UN culpable. Que reza mucho al Gran Poder pero que no conoce el respeto, ni el amor, ni la virtud ni la razón. Y que nos deje en paz, de verdad, sólo pido eso: PAZ. Que siga adelante con su club, pero que no haga que nos odie media España por su culpa. Que no queremos esto. Que no somos así, que nunca hemos respondido. Y que ahora se atreva alguien a decirme en qué he mentido, en qué coma o punto he dicho algo que no es cierto.

Porque al parecer, nadie se ha enterado. Periodistas, decid la verdad.