Condicional compuesto
Quizás la vida no nos ha tratado bien y hayamos tenido que conocernos ahora, tan tarde, tan lejos del comienzo cuando ya no somos nosotros, nosotros y el cuerpo. Y ahora haya mil y una agujas ocupadas sin segundos de piedad que regalar, o miradas fechadas por un desconocido que deciden el cómo, el dónde, y el cuándo.
No te puedo decir “te regalaría…” porque no hay sitio donde guardarlo, ni cajones vacíos para hacerlo. Todos están llenos y rebosan, e intentan vaciar agua con un cubo, para darte todo lo material inexistente, en palabras, en susurros, en abrazos.
Podríamos achacar nuestra mala suerte al destino, al calendario, a la geografía, a las vidas opuestas. Pero no sé si esto fue un regalo, o un ensayo de un amor, que nunca se estrenará; que siempre será entre bastidores rojos con suelo de madera, esperando sin poder, el comienzo.
Te contaría con teoría y praxis cómo te merecerías vivir, cómo te habría hecho sentir, como construiríamos la virtud en mitad del caos, de las manos y respirando, sin escuchar jadeos, ruidos, ni el eco de los quejíos…
Y mientras te fuera vistiendo con palabras y te me fueras desnudando con suspiros, dos cuerpos de naranja se unen: la fusión es posible, el equilibrio, es imposible.
Porque no podemos pedir oportunidades ni comida si tan sólo tenemos para saciar un poco la sed. Tendremos que conformarnos con el conocimiento de saber que existíamos, que no pudo ser, que pasearemos, sí, pero separados, con bolsas de distintas tiendas, con la lejanía de una acera, con la frialdad de dos mejillas. Sin mirar hacia atrás, por temor.
Sonriendo, porqué faltó de todo, y sobraron palabras, palabras de amor, para toda una vida.
No te puedo decir “te regalaría…” porque no hay sitio donde guardarlo, ni cajones vacíos para hacerlo. Todos están llenos y rebosan, e intentan vaciar agua con un cubo, para darte todo lo material inexistente, en palabras, en susurros, en abrazos.
Podríamos achacar nuestra mala suerte al destino, al calendario, a la geografía, a las vidas opuestas. Pero no sé si esto fue un regalo, o un ensayo de un amor, que nunca se estrenará; que siempre será entre bastidores rojos con suelo de madera, esperando sin poder, el comienzo.
Te contaría con teoría y praxis cómo te merecerías vivir, cómo te habría hecho sentir, como construiríamos la virtud en mitad del caos, de las manos y respirando, sin escuchar jadeos, ruidos, ni el eco de los quejíos…
Y mientras te fuera vistiendo con palabras y te me fueras desnudando con suspiros, dos cuerpos de naranja se unen: la fusión es posible, el equilibrio, es imposible.
Porque no podemos pedir oportunidades ni comida si tan sólo tenemos para saciar un poco la sed. Tendremos que conformarnos con el conocimiento de saber que existíamos, que no pudo ser, que pasearemos, sí, pero separados, con bolsas de distintas tiendas, con la lejanía de una acera, con la frialdad de dos mejillas. Sin mirar hacia atrás, por temor.
Sonriendo, porqué faltó de todo, y sobraron palabras, palabras de amor, para toda una vida.


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