Crítica a la razón práctica

"Porque hay sueños que valen... más que todas las realidades" Antonio García Barbeito

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Lugar: Sevilla, Sevilla, Spain

2/03/2007

Nunca caminarás solo

Si te digo: “te quiero”, no completaré nada nuevo. Si te digo: “Gracias”, me limitaré a seguir los patrones de un esquema hecho, si te digo: “No me arrepiento de este amor”, seré simplemente un eco de lo ya proclamado. Pero no por haber sido repetido, te prometo, tiene menos valor, o carece de veracidad.

Porque te mentiría si te dijera que no te echo de menos cuando te vas. Te mentiría si te dijera que no voy buscando barras de bares anónimos para encontrarte, a mí manera, y a mi forma.
Te mentiría si te dijera que no eres lo primero que busco en mi base de datos cuando me levanto para saber cómo estás, cómo te tratan, cómo sigues, cómo avanzas, cómo continúas.
Te mentiría si te dijera que no tacho los días que faltan para volverte a ver y decirte lo mucho que me das, lo poco que me quitas, cómo cambió mi vida desde que te tengo, cómo agradezco el haberte conocido, y el tenerte conmigo.
Te mentiría si te dijera que no escribo para ti y por ti, porque quiero que lo sepas, porque quiero que lo sientas.
Y es que el simple de hecho de pertenecerte invalida las palabras para volverlas innecesarias y caóticas, sin orden ni sentido, que todo quieren decir, que nada pueden quitar. Que acompañarte siempre lo haré, que el tiempo puede lograr que te olvide o que piense en locuras de una niñez que crece inversamente proporcional a la madurez. Avivando los sentimientos que pensé que un día cesarían y callarían, con la voz de la experiencia, con el cajón de los calendarios tachados.

Llegué a creer que necesitaría de la ayuda de un baúl para con una cerradura oxidada, mandarlo abrir y desempolvar recuerdos que hagan reír de lo que en su día fue una candela con leña perenne y en vías de desarrollo. Que miraría las heridas de mi cicatriz y tuviera que recoger el parte médico para recordar de qué fue la caída, de qué era la pena. Y saber entonces por qué no me volví a levantar y me quedé sentada con brazos sellados sin ir a por ti, dejándote como te encontré: desconocido y amado por otros.

Pero un trozo de tela manchada y rota por las esquinas me hace ver que los baúles, los desconocidos, los partes médicos, las heridas… nunca cicatrizarán.
Porque te renuevo, y porque tienes la osadía de superar todas esas cosas, sin pensar en que puede ser o que un
día quise intentar. Volveré para volver a verte, en un campo
desconocido, con gente que de vista compartí un día un cántico, unas lágrimas o una crítica ahogada que no pudo ser reprochada. Por eso aunque no siempre pueda defenderte ni llevar la verdad allá por donde pise, yo sabré la realidad, e intentaré, lo prometo, hacer que los demás la vean al igual que yo.

Por eso, y por todo lo que me queda siempre por decir, te mentiría si te digo que te dejaré ir en balde, como un aire diferente, con un sentimiento inexistente.