La Felicidad
Cuenta la leyenda que en cierta ocasión se reunieron todos los Dioses en el gran terreno neutral, El Olimpo, para crear al hombre y a la mujer.
Planearon hacerlos a su imagen y semejanza, con su fuerza e inteligencia, pero entonces el Dios de la Envidia dijo: “Un momento, si vamos a hacerlo idénticos a nosotros estaremos haciendo nuevos Dioses y podrían ser rivales en el futuro; por tanto debemos quitarles algo, pero, ¿El qué?”
Después de meses de discusiones, Ares, el Dios de la Guerra, dijo: “Ya sé, vamos a quitarles la Felicidad, y la esconderemos para que no la encuentren jamás”.
El infeliz Edipo se adelantó lamentando que la Felicidad no existía, por tanto no tenían por qué esconderla.
Pero Zeus aprobó la idea y los Dioses empezaron a pensar dónde podrían esconder el preciado sentimiento.
Poseidón fue el primero en hablar: “Lo esconderemos en la más recóndita esquina del mar, allí nadie la encontrará”.
Pero se dieron cuenta de que iban a tener inteligencia y que construirían poderosos navíos hasta dar con ella.
Entonces Hades propuso lo siguiente: “El mejor sitio será debajo de la tierra”.
Pero todos supieron de la curiosidad que tendría su creación y tarde o temprano excavarían el suelo que pisan.
El Dios Helios pensó en el Sol: “Es una gran bola de fuego a la que por temor nunca accederán y por tanto nunca conocerán la felicidad”.
Pero volvieron a recaer en la inteligencia y sabían que sobrepasarían las leyes de lo físico con tal de encontrar la Felicidad y decírselo a todos los demás.
Entonces, una dulce Diosa, la virginal Atenea, que había estado meditando durante toda la discusión, habló: “Ya sé dónde esconder la Felicidad para que jamás la encuentren”.
Todos se giraron expectantes a la sentencia de la Diosa de la Sabiduría: “La esconderemos dentro de ellos mismos. Estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán”.
Todos sonrieron.
Planearon hacerlos a su imagen y semejanza, con su fuerza e inteligencia, pero entonces el Dios de la Envidia dijo: “Un momento, si vamos a hacerlo idénticos a nosotros estaremos haciendo nuevos Dioses y podrían ser rivales en el futuro; por tanto debemos quitarles algo, pero, ¿El qué?”
Después de meses de discusiones, Ares, el Dios de la Guerra, dijo: “Ya sé, vamos a quitarles la Felicidad, y la esconderemos para que no la encuentren jamás”.
El infeliz Edipo se adelantó lamentando que la Felicidad no existía, por tanto no tenían por qué esconderla.
Pero Zeus aprobó la idea y los Dioses empezaron a pensar dónde podrían esconder el preciado sentimiento.
Poseidón fue el primero en hablar: “Lo esconderemos en la más recóndita esquina del mar, allí nadie la encontrará”.
Pero se dieron cuenta de que iban a tener inteligencia y que construirían poderosos navíos hasta dar con ella.
Entonces Hades propuso lo siguiente: “El mejor sitio será debajo de la tierra”.
Pero todos supieron de la curiosidad que tendría su creación y tarde o temprano excavarían el suelo que pisan.
El Dios Helios pensó en el Sol: “Es una gran bola de fuego a la que por temor nunca accederán y por tanto nunca conocerán la felicidad”.
Pero volvieron a recaer en la inteligencia y sabían que sobrepasarían las leyes de lo físico con tal de encontrar la Felicidad y decírselo a todos los demás.
Entonces, una dulce Diosa, la virginal Atenea, que había estado meditando durante toda la discusión, habló: “Ya sé dónde esconder la Felicidad para que jamás la encuentren”.
Todos se giraron expectantes a la sentencia de la Diosa de la Sabiduría: “La esconderemos dentro de ellos mismos. Estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán”.
Todos sonrieron.


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