Puede
Puede que mañana no esté aquí para decirte lo que siempre has sido para mí, puede que no te haya echado mi aliento como siempre mereciste, o puede que mis versos que a ti te dedico tan sólo sirvan para alimentar el viejo saco de los olvidos.
Puede que mañana tan sólo sirva para recriminarme el no haber dormido contigo cada noche, puede que deba escribir cartas de excusas injustificadas o puede que tenga que rodear a la ilusión para pedirle que no deje de bailar contigo.
Puede que a veces haya pensado que lo mejor era olvidarte, que para qué más preocupaciones que la de seguir respirando, sin vivir, sin amar, pero científicamente ciudadano, en el reino de los vivos.
Puede que lo peor de mi vida haya sido conocerte, puede que un día la cólera me visite y enlace escritos de rencor hacia un amor despechado, hacia un querer olvidado, hacia un futuro inventado.
Puede que descubra que los sueños tan sólo sirven para soñar, puede que esconda mis tesoros para no abrirlos jamás, puede que tú nunca más me hagas llorar, puede que crea que la inteligencia es el arte de practicar lo que obligatoriamente es una necesidad.
Puede que te odie más que a nadie, puede que te abandone en las colas de un supermercado prometiéndome que nunca más iré a buscarte, puede que borre de mi agenda los encuentros que tenemos planeado, puede que piense que de ti nunca he estado enamorado.
Puede que coja mi carné de identidad y lo queme observando las cenizas volando, donde se inventaron los cobardes, donde surgieron los valientes.
Puede que mi vida esté hecha para seguirla sin ti, para pulir una pared que no me deje mirarte, ni abrazarte, ni tenerte, ni cantarte.
Puede que olvide de qué color era tu cara, tu forma de moverte, tu manera de sobrecogerme, tus ganas de corresponderme, tu ilusión por pertenecerme.
Puede que tenga que pensar en cada palabra bonita que te quiera decir y no tarde menos de cinco minutos para que los sentimientos salgan a la luz natural, sin esfuerzo, sin uso de la mente, sin siquiera pensar, sin siquiera obligar.
También puede que mienta, y que acepte esta maldición tantas veces piropeada por personas que me enseñan que amar no es una locura si con locura se ama.
Puede que deba aceptar que si tú caminas yo voy buscando las huellas que dejaste, y el día que las pierda, tendré que volver a llamarte, gritando sin que nadie me escuche, susurrando para que todos me oigan, que a mí, en algún momento, me llamaban Sevillista.
Puede que mañana tan sólo sirva para recriminarme el no haber dormido contigo cada noche, puede que deba escribir cartas de excusas injustificadas o puede que tenga que rodear a la ilusión para pedirle que no deje de bailar contigo.
Puede que a veces haya pensado que lo mejor era olvidarte, que para qué más preocupaciones que la de seguir respirando, sin vivir, sin amar, pero científicamente ciudadano, en el reino de los vivos.
Puede que lo peor de mi vida haya sido conocerte, puede que un día la cólera me visite y enlace escritos de rencor hacia un amor despechado, hacia un querer olvidado, hacia un futuro inventado.
Puede que descubra que los sueños tan sólo sirven para soñar, puede que esconda mis tesoros para no abrirlos jamás, puede que tú nunca más me hagas llorar, puede que crea que la inteligencia es el arte de practicar lo que obligatoriamente es una necesidad.
Puede que te odie más que a nadie, puede que te abandone en las colas de un supermercado prometiéndome que nunca más iré a buscarte, puede que borre de mi agenda los encuentros que tenemos planeado, puede que piense que de ti nunca he estado enamorado.
Puede que coja mi carné de identidad y lo queme observando las cenizas volando, donde se inventaron los cobardes, donde surgieron los valientes.
Puede que mi vida esté hecha para seguirla sin ti, para pulir una pared que no me deje mirarte, ni abrazarte, ni tenerte, ni cantarte.
Puede que olvide de qué color era tu cara, tu forma de moverte, tu manera de sobrecogerme, tus ganas de corresponderme, tu ilusión por pertenecerme.
Puede que tenga que pensar en cada palabra bonita que te quiera decir y no tarde menos de cinco minutos para que los sentimientos salgan a la luz natural, sin esfuerzo, sin uso de la mente, sin siquiera pensar, sin siquiera obligar.
También puede que mienta, y que acepte esta maldición tantas veces piropeada por personas que me enseñan que amar no es una locura si con locura se ama.
Puede que deba aceptar que si tú caminas yo voy buscando las huellas que dejaste, y el día que las pierda, tendré que volver a llamarte, gritando sin que nadie me escuche, susurrando para que todos me oigan, que a mí, en algún momento, me llamaban Sevillista.


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