A su manera
Recogido de otro Web Log, que al igual que a mí, escasea de escribir.
Mil y un escritos comenzados sin terminar podría poner entre líneas. Pero para qué sirve un principio sin final, un tiempo sin merecimiento de perder.
Quizás sean los tiempos que pasan los que me hacen perder el hilo de mi propia historia, los incontables pensamientos que se abalanzan sobre mí pidiendo tiempo para escribir, todos a la vez, sin dejarse espacio ni tiempo para ocupar un lugar determinado en la estantería del desorden.
Quizás sea mi edad, la que vive cada día como si fuera el último, más con el corazón que con la cabeza, más con la irracionalidad que con la racionalidad, más con mi piel que con mi propio ser.
Quizás sea que me gusta hacer honor al nombre de lo que aquí encabeza, quizás sea que mi mente me pide un descanso, no sé si eterno, no sé si mortal, no sé si contable, no sé si incontable.
Quizás sea que ya no siento lo que siento, o que siento más de lo que antes sentía.
Quizás sea que mis padres se decepcionan al verme escribir, quizás sea que necesito establecer mi vida, quizás sea que el sueño me pide presencia, quizás sea que tengo que dejar las salidas nocturnas, las noches de rincones donde habita el olvido y sólo importa lo presente, muriendo lo pasado, no existiendo lo futuro.
Quizás sea que me he enamorado y todas mis palabras tienen nombre y apellidos íntimos y tímidos a la hora de ser leídos por todos menos su persona, quizás sea que el tabaco me consume segundos y fuerza, quizás sea que empiezo a ser mayor y ya nada volverá a ser como antes, quizás sea que me da miedo a desnudarme delante de un desconocido, quizás sea que estoy ahogándome en un mar de dudas, quizás sea que la imaginación se ha ido con otro, quizás sea que quiero lo que no puedo y no puedo lo que ya tengo, quizás sea que la felicidad puedo contarla con los dedos de una persona sin manos, quizás sea que necesito un abrazo de un querer que me diga que no pasa nada, que todo es como era, que hay que seguir caminando, sin estar siempre preguntando.
Quizás sea que vivo porque es lo que hace la gente, y no muero porque están muy caros los entierros, quizás sea que me urge robar una relojería y parar el tiempo para volver allí donde estuve, donde comencé sin mirar, anduve sin pisar y hablé sin escuchar.
O quizás sea que mi mundo se deshizo sin preguntarme y ahora que me lo está contando aún lloro sin lágrimas, emborrachándome en los recuerdos para poder sonreír y pensar que en algún tiempo, fui feliz.
Mil y un escritos comenzados sin terminar podría poner entre líneas. Pero para qué sirve un principio sin final, un tiempo sin merecimiento de perder.
Quizás sean los tiempos que pasan los que me hacen perder el hilo de mi propia historia, los incontables pensamientos que se abalanzan sobre mí pidiendo tiempo para escribir, todos a la vez, sin dejarse espacio ni tiempo para ocupar un lugar determinado en la estantería del desorden.
Quizás sea mi edad, la que vive cada día como si fuera el último, más con el corazón que con la cabeza, más con la irracionalidad que con la racionalidad, más con mi piel que con mi propio ser.
Quizás sea que me gusta hacer honor al nombre de lo que aquí encabeza, quizás sea que mi mente me pide un descanso, no sé si eterno, no sé si mortal, no sé si contable, no sé si incontable.
Quizás sea que ya no siento lo que siento, o que siento más de lo que antes sentía.
Quizás sea que mis padres se decepcionan al verme escribir, quizás sea que necesito establecer mi vida, quizás sea que el sueño me pide presencia, quizás sea que tengo que dejar las salidas nocturnas, las noches de rincones donde habita el olvido y sólo importa lo presente, muriendo lo pasado, no existiendo lo futuro.
Quizás sea que me he enamorado y todas mis palabras tienen nombre y apellidos íntimos y tímidos a la hora de ser leídos por todos menos su persona, quizás sea que el tabaco me consume segundos y fuerza, quizás sea que empiezo a ser mayor y ya nada volverá a ser como antes, quizás sea que me da miedo a desnudarme delante de un desconocido, quizás sea que estoy ahogándome en un mar de dudas, quizás sea que la imaginación se ha ido con otro, quizás sea que quiero lo que no puedo y no puedo lo que ya tengo, quizás sea que la felicidad puedo contarla con los dedos de una persona sin manos, quizás sea que necesito un abrazo de un querer que me diga que no pasa nada, que todo es como era, que hay que seguir caminando, sin estar siempre preguntando.
Quizás sea que vivo porque es lo que hace la gente, y no muero porque están muy caros los entierros, quizás sea que me urge robar una relojería y parar el tiempo para volver allí donde estuve, donde comencé sin mirar, anduve sin pisar y hablé sin escuchar.
O quizás sea que mi mundo se deshizo sin preguntarme y ahora que me lo está contando aún lloro sin lágrimas, emborrachándome en los recuerdos para poder sonreír y pensar que en algún tiempo, fui feliz.


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