De todas las historias de amor
Sevilla, 30 de septiembre de 2006
Acabar nuestra historia con unas palabras de agradecimiento sería…lo políticamente correcto. Empezar, tal vez, diciendo: “Gracias por haberme enseñado a amar…”.
No, yo no haré eso. Yo no acabaré nada. No seré yo. Serán, el tiempo y la distancia.
Y solo quedará un cuento, bonito. O un bonito cuento… algo bonito. Tú y yo.
Yo me preguntaba por mi príncipe azul. Lo buscaba, pero no venías. Hasta que un agraciado día, ocultando tu título de conde y cambiando tu caballo por tu moto (problemas de licencias y tal), pasaste a buscarme vestido de azul y pidiéndome la mano. ¿ serías de verdad para mí? Yo ya no creía en esos cuentos… en esos de amor, de hombres verdaderos, de perfección, de magia… pero, una fuerza capaz de mover montes, que tendía a ti, me hizo dártela… y tú, aprovechando que tenía las manos ocupadas, ¡empezaste a pegarme! yo ya si que no entendía nada… Desde ese momento tú me diriges…
Ahora, después de todo, sé que son las formas de mi príncipe… me envenenó así.
Lo cierto es que desde ese momento las manos no se han soltado, seguimos juntos, agarrados, cabalgando hacia un futuro incierto…volando cual pájaro lo hace sobre las razas…Yo, volé.
Pero, nada es infinito, ni siquiera el amor de un príncipe azul… y es que, más fuerte que tu poder hechicero es la fuerza que un día nos unió. La que ahora nos separa: la fuerza del tiempo y la distancia.
Las manos q se sueltan y nosotros que apretamos nuestros meñiques a modo de misión imposible… Y, la primera lágrima, cae. Cae a una velocidad frenética, posiblemente a un ritmo directamente proporcional al que nuestro amor fue, o al que van los latidos de un corazón envenenado de amor, o al que iba nuestro viaje la vez que lo dirigía yo…
Pero esta lágrima es tan solo la primera, éstas no cesarán… Porque te quiero, porque te pierdo, porque me muero, porque yo no soy un fénix y nuestro amor arde, porque te necesito cada instante conmigo, porque necesito que me llames por teléfono y solo me digas “neni”, porque quiero abrazarte cada día, porque quiero seguir volando a caballo, porque no quiero que nada acabe, porque tú no estarás… No te vayas.
Perdona, me salió. Tenía que decirlo… tienes que perdonarme tanto…perdóname que no te haya llamado al segundo de colgarte, perdóname que te haya colgado, perdóname que no haya ido nunca a recogerte a la salida, perdóname que no bajara aquel día, que haya dudado alguna vez de ti, que no te haya querido desde tu principio, perdóname por haberme hecho de rogar sin saberlo, perdóname por no haberte conocido antes… Perdóname.
Ni en el mejor de los sueños o de los cuentos o en la mejor de todas las historias de amor soñadas por mí…hubieras estado tú. No ha sido siquiera un sueño, ha sido más, mucho más. Ahora sí, gracias, príncipe azul. Gracias por haberme enseñado amar.


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