El patio de vecinos
Tengo yo dos vecinos, que siempre se han llevado mal. Bueno mejor dicho: uno se lleva mal con el otro y el otro pasa un poco de uno. Ambos han pujado desde siempre por la presidencia de la comunidad, y como si el mismo PSOE y PP fueran, alternan el poder en uso de la demagogia.
Actualmente es Manuel quien la lleva, habitante del 5º A y popular por ser el más rico del edificio. En principio me cayó bien, supongo que como todos los buenos políticos: que logran que les creas, te engañan y procuran limpiarlo todo para las próximas elecciones. Su política imperialista de querer saber qué ocurría en cada casa y por qué, tardó en tener respuesta de José María, el opositor. Tardó tanto que Manuel se desesperó y le invitó a ir a su casa pues le quería entregar una réplica del trofeo que la Conferencia de Comunidades de Vecinos de Sevilla le había regalado. José María dijo que no, que no se iba a hacer una foto de salón con él y al parecer Manuel no se lo tomó bien.
Pronto lo supo el bloque entero: “José María ha rechazado un regalo de amistad”, se escuchaba, “José María está buscando conflictos con Manuel…” se decía.
Y yo, como cualquier ignorante, escuchaba a las vecinas cotillear que ya eran mayorcitos para seguir con esos juegos, que vaya ejemplo que dan para los pequeños, que alguno tenía que parar esto, que sólo van a lograr la creación de dos bandos radicales y a saber cómo acabaría el bloque entero de pisos. Para mí, eran desde luego las más sabías y un día en la tertulia de las tres de la tarde saqué mi opinión a relucir.
Mi padre, después de poner ojos de incrédulo detrás de sus grandes gafas, comenzó a reírse y decir que cómo podía decir eso si apenas conocía la historia. Le juré y perjuré que sí, que yo me había enterado, que lo había escuchado y además que era verdad. Mi padre, pero esta vez más serio, me dijo que por favor no hablara de cosas que no sé, e hizo el favor de contarme la historia:
Al parecer cuando estaba José María al poder arregló la puerta del portal y uno del otro grupo llegó y le hizo un dibujito en el centro; luego propuso la elección de un mismo toldo para el edificio: uno naranja liso que quedaba muy bien con el suave ladrillo de la fachada, pero Manuel cuando estaban ya comprados dijo que eso era una sábana de las de su casa y que era vergonzoso colocar eso en un balcón. José María le invitó a las cenas que preparaban los vecinos mensualmente en casa del presidente. Manuel no fue a ninguna. José María pensó en hacer un equipo de barrio al que le puso “Los tejos” y al no conseguir finalmente el título, éste respondió con una camiseta para la ocasión que ponía: “Tejo des”. Colocó de portero al hijo de un amigo suyo que era brasileño, y Manuel respondió que cómo iba a representar a un edificio y estar en la puerta un inmigrante. Más tarde Manuel comenzó a “vetar” amenazando con fina labia que si no le apoyaban, después iban a tener problemas para seguir viviendo, pero si en cambio estaban con él: un sin fin de posibilidades estarían a sus pies. Y Finalmente, cuando volvió Manuel al poder, lo hizo brindando “por intentar no hacerlo tan mal” acordándose de la derrota de su rival y ganándose la risa de los asistentes.
Por eso José María actuó como toda persona con algo de dignidad y orgullo. Siempre callado, siempre sin "jugar". Pero una cosa es dar la mano y otra que te dejes coger el brazo entero. Pero esto, esto es secreto, me dijo mi padre. Algo que sólo lo sabemos los que queremos, los currantes, los que buscan la verdad. Porque no me digas tú, que no es más fácil decir: “Portaos bien, niños” que preguntar quién ha sido, y castigar al culpable…
Yo tampoco me habría hecho esa foto. Yo tampoco habría dejado que se rieran de mí.


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