Los Reyes Magos existen
Siempre me gustó rememorar cosas que en su día, con otra letra, otra edad y otros deseos: escribí. Pero lo deslumbrante de este escrito no fue eso, sino el darme cuenta que los Reyes Magos, esos verdaderos que se acuerdan de todos y no sólo de los niños ricos, existen.
Y a mí, me escucharon.
Son las dos y media de la mañana y aun no habéis llegado a mi casa, os escribo rápido… si la acabo me meto en la cama.
Queridos Reyes Magos:
Todos los años os he pedido cosas materiales tales como un móvil (ya sabéis que mi especialidad es perderlos), una cámara, libros, zapatos… pero este año no voy a resultar tan fácil. He pensado que para pedir esas cosas ya están los cumpleaños donde quienes van a la tienda a comprar son personas vulgares y corrientes. Pero no, vosotros sois Magos y por ellos os voy a pedir cosas Mágicas.
Este año que ya terminó, 2005, fue el Centenario del equipo que lleva el nombre de la ciudad donde vivo, Sevilla. No me extrañaría que me dijerais que lo conocéis pues su bandera roja y blanca ha viajado por todo el globo demostrando que nuestro sentimiento no tiene fronteras y tampoco me sorprendería si me dijerais que sólo os suena el Madrid y el Barça, aunque os lo advierto, la grandeza de un equipo no la hace su fama o su dinero, si no la inmensidad de su sentimiento. Y en eso, ganamos a todos.
Mi equipo se podría comparar a un país subdesarrollado donde no teníamos ni para balones para jugar y entonces llegó José María del Nido (Baltasar, este señor será por un día tu figura) con nuestro ex – entrenador Joaquín Caparrós, que uno con visión y otro con pasión, devolvió la entidad a mi Sevilla sumido en un declive que parecía imparable. A partir de ahí no hemos parado crecer y con ello nuestra ambición aunque como dicen por ahí los sabios: “La experiencia es un grado” y cuando tememos perder nuestra humildad no tenemos más que mirar hacia atrás y decir: Gracias.
Pero quizá, lo más dulce de este equipo, lo más inocente, lo más puro, lo más casto, lo que más se entrega a la ilusión cada temporada es la afición. Cuando el infierno nos quemaba la piel ahí estaba nuestro estadio con 24.000 almas gritando y proclamando que ahora, es cuando más sevillista se es. Y por ellos os pido, Reyes Magos.
Pido por cada bandera que colgó aquel un catorce de octubre, pido por cada bufanda portada sobre sus hombros, pido por cada carné protagonista en cada cartera, pido por cada camiseta lucida, pido por cada sueño cumplido con este equipo, por cada gramo de ilusión entregado, por cada lágrima robada y por cada sonrisa regalada. Pido por cada abrazo desconocido lleno de euforia, pido por cada gol gritado desde lo más profundo del alma, pido por cada tarde domingo al lado de un transistor, pido por cada mano con uñas asesinadas, pido por cada periódico que se abrió buscando la crónica de un partido, pido por cada labio que pronunció las letras de un himno centenario y pido por todos aquellos que en algún momento y en algún lugar se consideraron sevillistas.
Por ellos, por nosotros, por mi, pido un año, este año, donde consigamos ese título que los agnósticos creen que es necesario para ser grandes. Pido ese título que verifique y de años de garantía a todos los que siempre creímos en él, pido que nuestros sueños se hagan realidad, pido que mi padre pueda morirse tranquilo, pido que todos sepan que soy de un Club Campeón, pido por todos ellos, por los que están y por los que se quedaron en el camino, pido que nos regaléis un poco de vuestra magia… que lo demás, ya lo pondremos nosotros.
Gracias.
Y a mí, me escucharon.
Son las dos y media de la mañana y aun no habéis llegado a mi casa, os escribo rápido… si la acabo me meto en la cama.
Queridos Reyes Magos:
Todos los años os he pedido cosas materiales tales como un móvil (ya sabéis que mi especialidad es perderlos), una cámara, libros, zapatos… pero este año no voy a resultar tan fácil. He pensado que para pedir esas cosas ya están los cumpleaños donde quienes van a la tienda a comprar son personas vulgares y corrientes. Pero no, vosotros sois Magos y por ellos os voy a pedir cosas Mágicas.
Este año que ya terminó, 2005, fue el Centenario del equipo que lleva el nombre de la ciudad donde vivo, Sevilla. No me extrañaría que me dijerais que lo conocéis pues su bandera roja y blanca ha viajado por todo el globo demostrando que nuestro sentimiento no tiene fronteras y tampoco me sorprendería si me dijerais que sólo os suena el Madrid y el Barça, aunque os lo advierto, la grandeza de un equipo no la hace su fama o su dinero, si no la inmensidad de su sentimiento. Y en eso, ganamos a todos.
Mi equipo se podría comparar a un país subdesarrollado donde no teníamos ni para balones para jugar y entonces llegó José María del Nido (Baltasar, este señor será por un día tu figura) con nuestro ex – entrenador Joaquín Caparrós, que uno con visión y otro con pasión, devolvió la entidad a mi Sevilla sumido en un declive que parecía imparable. A partir de ahí no hemos parado crecer y con ello nuestra ambición aunque como dicen por ahí los sabios: “La experiencia es un grado” y cuando tememos perder nuestra humildad no tenemos más que mirar hacia atrás y decir: Gracias.
Pero quizá, lo más dulce de este equipo, lo más inocente, lo más puro, lo más casto, lo que más se entrega a la ilusión cada temporada es la afición. Cuando el infierno nos quemaba la piel ahí estaba nuestro estadio con 24.000 almas gritando y proclamando que ahora, es cuando más sevillista se es. Y por ellos os pido, Reyes Magos.
Pido por cada bandera que colgó aquel un catorce de octubre, pido por cada bufanda portada sobre sus hombros, pido por cada carné protagonista en cada cartera, pido por cada camiseta lucida, pido por cada sueño cumplido con este equipo, por cada gramo de ilusión entregado, por cada lágrima robada y por cada sonrisa regalada. Pido por cada abrazo desconocido lleno de euforia, pido por cada gol gritado desde lo más profundo del alma, pido por cada tarde domingo al lado de un transistor, pido por cada mano con uñas asesinadas, pido por cada periódico que se abrió buscando la crónica de un partido, pido por cada labio que pronunció las letras de un himno centenario y pido por todos aquellos que en algún momento y en algún lugar se consideraron sevillistas.
Por ellos, por nosotros, por mi, pido un año, este año, donde consigamos ese título que los agnósticos creen que es necesario para ser grandes. Pido ese título que verifique y de años de garantía a todos los que siempre creímos en él, pido que nuestros sueños se hagan realidad, pido que mi padre pueda morirse tranquilo, pido que todos sepan que soy de un Club Campeón, pido por todos ellos, por los que están y por los que se quedaron en el camino, pido que nos regaléis un poco de vuestra magia… que lo demás, ya lo pondremos nosotros.
Gracias.

