Crítica a la razón práctica

"Porque hay sueños que valen... más que todas las realidades" Antonio García Barbeito

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Lugar: Sevilla, Sevilla, Spain

1/06/2007

Los Reyes Magos existen

Siempre me gustó rememorar cosas que en su día, con otra letra, otra edad y otros deseos: escribí. Pero lo deslumbrante de este escrito no fue eso, sino el darme cuenta que los Reyes Magos, esos verdaderos que se acuerdan de todos y no sólo de los niños ricos, existen.
Y a mí, me escucharon.


Son las dos y media de la mañana y aun no habéis llegado a mi casa, os escribo rápido… si la acabo me meto en la cama.

Queridos Reyes Magos:

Todos los años os he pedido cosas materiales tales como un móvil (ya sabéis que mi especialidad es perderlos), una cámara, libros, zapatos… pero este año no voy a resultar tan fácil. He pensado que para pedir esas cosas ya están los cumpleaños donde quienes van a la tienda a comprar son personas vulgares y corrientes. Pero no, vosotros sois Magos y por ellos os voy a pedir cosas Mágicas.
Este año que ya terminó, 2005, fue el Centenario del equipo que lleva el nombre de la ciudad donde vivo, Sevilla. No me extrañaría que me dijerais que lo conocéis pues su bandera roja y blanca ha viajado por todo el globo demostrando que nuestro sentimiento no tiene fronteras y tampoco me sorprendería si me dijerais que sólo os suena el Madrid y el Barça, aunque os lo advierto, la grandeza de un equipo no la hace su fama o su dinero, si no la inmensidad de su sentimiento. Y en eso, ganamos a todos.
Mi equipo se podría comparar a un país subdesarrollado donde no teníamos ni para balones para jugar y entonces llegó José María del Nido (Baltasar, este señor será por un día tu figura) con nuestro ex – entrenador Joaquín Caparrós, que uno con visión y otro con pasión, devolvió la entidad a mi Sevilla sumido en un declive que parecía imparable. A partir de ahí no hemos parado crecer y con ello nuestra ambición aunque como dicen por ahí los sabios: “La experiencia es un grado” y cuando tememos perder nuestra humildad no tenemos más que mirar hacia atrás y decir: Gracias.
Pero quizá, lo más dulce de este equipo, lo más inocente, lo más puro, lo más casto, lo que más se entrega a la ilusión cada temporada es la afición. Cuando el infierno nos quemaba la piel ahí estaba nuestro estadio con 24.000 almas gritando y proclamando que ahora, es cuando más sevillista se es. Y por ellos os pido, Reyes Magos.
Pido por cada bandera que colgó aquel un catorce de octubre, pido por cada bufanda portada sobre sus hombros, pido por cada carné protagonista en cada cartera, pido por cada camiseta lucida, pido por cada sueño cumplido con este equipo, por cada gramo de ilusión entregado, por cada lágrima robada y por cada sonrisa regalada. Pido por cada abrazo desconocido lleno de euforia, pido por cada gol gritado desde lo más profundo del alma, pido por cada tarde domingo al lado de un transistor, pido por cada mano con uñas asesinadas, pido por cada periódico que se abrió buscando la crónica de un partido, pido por cada labio que pronunció las letras de un himno centenario y pido por todos aquellos que en algún momento y en algún lugar se consideraron sevillistas.
Por ellos, por nosotros, por mi, pido un año, este año, donde consigamos ese título que los agnósticos creen que es necesario para ser grandes. Pido ese título que verifique y de años de garantía a todos los que siempre creímos en él, pido que nuestros sueños se hagan realidad, pido que mi padre pueda morirse tranquilo, pido que todos sepan que soy de un Club Campeón, pido por todos ellos, por los que están y por los que se quedaron en el camino, pido que nos regaléis un poco de vuestra magia… que lo demás, ya lo pondremos nosotros.
Gracias.

1/03/2007

De todas las historias de amor


Sevilla, 30 de septiembre de 2006

Acabar nuestra historia con unas palabras de agradecimiento sería…lo políticamente correcto. Empezar, tal vez, diciendo: “Gracias por haberme enseñado a amar…”.
No, yo no haré eso. Yo no acabaré nada. No seré yo. Serán, el tiempo y la distancia.

Y solo quedará un cuento, bonito. O un bonito cuento… algo bonito. Tú y yo.

Yo me preguntaba por mi príncipe azul. Lo buscaba, pero no venías. Hasta que un agraciado día, ocultando tu título de conde y cambiando tu caballo por tu moto (problemas de licencias y tal), pasaste a buscarme vestido de azul y pidiéndome la mano. ¿ serías de verdad para mí? Yo ya no creía en esos cuentos… en esos de amor, de hombres verdaderos, de perfección, de magia… pero, una fuerza capaz de mover montes, que tendía a ti, me hizo dártela… y tú, aprovechando que tenía las manos ocupadas, ¡empezaste a pegarme! yo ya si que no entendía nada… Desde ese momento tú me diriges…

Ahora, después de todo, sé que son las formas de mi príncipe… me envenenó así.

Lo cierto es que desde ese momento las manos no se han soltado, seguimos juntos, agarrados, cabalgando hacia un futuro incierto…volando cual pájaro lo hace sobre las razas…Yo, volé.

Pero, nada es infinito, ni siquiera el amor de un príncipe azul… y es que, más fuerte que tu poder hechicero es la fuerza que un día nos unió. La que ahora nos separa: la fuerza del tiempo y la distancia.

Las manos q se sueltan y nosotros que apretamos nuestros meñiques a modo de misión imposible… Y, la primera lágrima, cae. Cae a una velocidad frenética, posiblemente a un ritmo directamente proporcional al que nuestro amor fue, o al que van los latidos de un corazón envenenado de amor, o al que iba nuestro viaje la vez que lo dirigía yo…

Pero esta lágrima es tan solo la primera, éstas no cesarán… Porque te quiero, porque te pierdo, porque me muero, porque yo no soy un fénix y nuestro amor arde, porque te necesito cada instante conmigo, porque necesito que me llames por teléfono y solo me digas “neni”, porque quiero abrazarte cada día, porque quiero seguir volando a caballo, porque no quiero que nada acabe, porque tú no estarás… No te vayas.

Perdona, me salió. Tenía que decirlo… tienes que perdonarme tanto…perdóname que no te haya llamado al segundo de colgarte, perdóname que te haya colgado, perdóname que no haya ido nunca a recogerte a la salida, perdóname que no bajara aquel día, que haya dudado alguna vez de ti, que no te haya querido desde tu principio, perdóname por haberme hecho de rogar sin saberlo, perdóname por no haberte conocido antes… Perdóname.

Ni en el mejor de los sueños o de los cuentos o en la mejor de todas las historias de amor soñadas por mí…hubieras estado tú. No ha sido siquiera un sueño, ha sido más, mucho más. Ahora sí, gracias, príncipe azul. Gracias por haberme enseñado amar.