Crítica a la razón práctica

"Porque hay sueños que valen... más que todas las realidades" Antonio García Barbeito

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Lugar: Sevilla, Sevilla, Spain

10/27/2007

El buen periodismo

Cuando somos pequeños y nos preguntan qué vamos a ser de mayor tenemos un repertorio tan inocente como utópico, pasando desde superhéroe a “sencillamente” millonarios. Pero algo que he podido comprobar con el paso de los años ha sido mi fidelidad a un camino: el periodismo. Con lo difícil que es recordar lo que cada amigo ha decidido estudiar (sobre todo ahora que estamos en un mundo donde cada vez sabemos más, de menos) a mí aún no me han preguntado qué es lo que finalmente decidí. Y eso me abruma.
Con ganas de aprender, me llegó el primer día de carrera un artículo de un polaco llamado Ryzarsd Kapuscinsky titulado: “El buen periodismo”.
Antes de él, yo ya tenía mis propios “héroes” como Julia Navarro, Antonio Burgos o Juanma Trueba, entre otros; pero ninguno logró que me quedase días y meses, y por qué no decirlo, años, pensando la inmensidad de aquellas palabras que muy pocos periodistas llegan a plantearse a lo largo de su carrera.
La idea principal del artículo venía a decir que un periodista debía ser, ante todo: una buena persona. Porque tenía la responsabilidad de ser la voz de los demás, porque podía moldear y crear nuevos pensamientos, porque jugaba con la confianza de los demás y porque tenía la ventaja de saber ya, qué te quería contar. Eso me hizo reflexionar mucho, porque yo, aunque aún no tenga el derecho de decirlo (pero no puedo evitar sentirlo) amo, esta profesión. Y creo en ella. Y considero que es necesaria, que es bonita, que es humanitaria, que da vida a las palabras, que las vuelve importantes. Que son artistas por lograr transmitir sin contacto físico sentimientos y emociones a través de comas y puntos, de adjetivo y de sustantivos, de pronombres y adverbios. Y porque una persona que va al quiosco, se gasta su dinero y su tiempo en leerte: tú debes corresponderle. Dando lo mejor de ti. Y no mintiendo ni aprovechando tu superioridad momentánea ni tus minutos contados de protagonismo. Por ello y por mucho más, lo que los sevillistas hemos vivido estos últimos días en programas de telebasura (o telemierda), puedo asegurar que no son periodistas. Porque ni siquiera son personas.

Nosotros

Yo no tengo años para saber qué jugador era aquel que sale en una foto en blanco y negro ni tengo estudios para que mi voz mueva las opiniones de un país entero.
Ni siquiera puedo presumir de “Memorias” para buscar en ellas y tener una base consolidada de por qué ese sistema de juego es mejor que ese otro, o por qué en determinado partido debemos usar la estrategia de juego número 3, y guardar la número 2.Yo no tengo, ni puedo, hablarte de eso. Pero nadie me quita todo lo que ya tengo escrito, ni todos los momentos que ningún experto en sentimientos sabría detallar. Porque he sido, soy, y seré, Sevillista. Y porque me considero de él, lo conozco. Y porque lo conozco, sé cómo es.
Y sé que ahora, está mal.
Lo veo dormido, sin fuerzas ni casta y coraje. Lo veo sin ganas de seguir luchando, como si se hubiera olvidado lo que sentía al vivir soñando…
No somos peores que ayer, no nos han cambiado a nuestros hombres ni han dejado a la calidad aparcada en el parking de la temporada pasada. Siguen siendo ellos, pero sólo físicamente. Porque su moral, al igual que la nuestra y del Pizjuán, está herida, nostálgica, sin rumbo, perdida. Muchos hemos reflexionado después de que nuestro Eterno 16 fuera fichado por la Liga de las Estrellas, y muchos nos cuesta seguir animando después del minuto 16 no se escucha ni un suspiro, ni el eco de los quejíos…
Pero nos cueste o nos moleste, la vida sigue. Y nuestro Sevilla sigue cumpliendo años, el calendario no da marcha atrás, el escenario no va a esperar. Creo que somos todos y cada uno de nosotros los que más que nunca debemos estar unidos y orgulloso. Sobre todo orgullosos. Debemos ir al campo y alzar como nunca antes nuestra bandera carmesí, debemos decir más que nunca: “Cada día te quiero más…” Tenemos que levantar como más duele el paso, a pulso, pero tenemos que hacerlo así, finamente, con amor a unos colores.
Debemos hacerles entender que no llevan una camiseta con escudo, sino un escudo en la camiseta.

FELICIDADES

Te has podido sentir grande cuando al nacer te adornaron con una bufanda más larga que tú y te guardaron el futuro de recuerdo. O cuando fuiste por primera vez al Pizjuán y al mirar hacia abajo agarraste la mano de tu padre porque perdías el equilibrio.
Te has podido sentir grande cuando veías como tu número de socio era cada vez más fiel, cuando decidiste guardar un rincón del armario para camisetas con el olor de los años, o cuando ganamos 4-1 al Madrid allá por la temporada 2003/2004 alegrándonos la jornada, la semana, el mes, y la temporada entera.
Te has podido sentir grande cuando al sacar tu billete de embarque europeo viste que en tu muñeca había atada una bufanda blanquirroja, o cuando fuiste al quiosco a comprar un ejemplar de cada periódico donde en la portada estaba tu capitán levantando, una, una o cinco, cinco copas.
Te has podido sentir grande cuando tu hijo te pedía que le cantaras el himno del centenario por las mañanas, o cuando 45000 almas cantaban al unísono: “Hasta la Muerte”.
Te has podido sentir grande cuando el grito del gol de Puerta fue el más ahogado porque sólo pensabas en los que ya no están, o cuando al poner el televisor España entera se rendía al juego, al luchar, de tu Sevilla.

Pero yo te puedo asegurar una cosa, sevillista: No fuiste grande por el hecho de ganar, sino por el hecho de creer. Aun por si acaso te quedaba alguna duda, sólo tienes que encender la radio, poner la televisión, o coger un periódico.
Pues dicen que estamos en crisis. Los grandes sabios de este campo que tantos años han estudiado, dicen que estamos en crisis. Y sólo hemos perdido dos partidos de liga.
Sólo dos partidos.
Ahora, es cuando del todo, eres grande.

¿Vas a dejar de luchar?

Porque no todo en el fútbol es una suma de ceros o una vitrina renovada. Porque no es un balón con estrellitas negras ni un titular oficialmente halagador. Porque fue el primero que se preguntó lo que cada mañana en cada bar de cada calle sevillana nos preguntábamos. Porque no entendía que si jugaba el Madrid contra el Sevilla y ganaba el Sevilla no es que hubiera ganado el Sevilla, sino que había perdido el Madrid. Porque no comprendía por qué todo lo nuestro valía menos; por qué la UEFA era una pachanga de segundos o la Supercopa un trofeo de verano. Porque supo leer nuestras lágrimas y levantar a pulso nuestra ilusión. Porque nos demostró que si no defendemos lo nuestro, nadie lo hará por nosotros. Porque no le presentaron el vivir, sin su Fábrica de Sueños de Nervión. Porque hemos oído resquebrajarse su voz poco a poco a trocitos. Porque se sentía el más afortunado sólo por podernos contemplar. Porque nos ha recordado lo Grande que somos. Porque nos ha hecho llorar de alegría y reír de tristeza. Porque nos prometió que nunca caminaríamos solos. Porque sus suspiros son suplicantes de justicia. Porque es uno de los nuestros. Porque muchos fueron a Glasgow gracias a él y su pelea contra la mercancía de entradas. Porque luchó contra quien osaba hacernos daño. Porque ha sido la catedral de lamentos cuando nos hemos sentido solos. Porque hipotecó su vida para regalárnosla sin ánimo de lucro. Porque es el papá de nuestra radio. Porque nunca buscó fama y aún se ruboriza si le pides un autógrafo. Porque nos hizo ser Sevillistas cuando se ganaba y Ultrasevillistas cuando se perdía. Porque elaboró con mimo nuestro escudo infranqueable, porque buscó la Verdad, porque es un Sevillista sin pedir más.
Porque todavía recuerdo cuando en Madrid me decían: “Sevillanos, yonkis y gitanos”, y yo sólo escuchaba: “Llevo un pin, lo llevo siempre, junto a mi corazón…”.
Por eso, y por mucho más, hoy le digo al primer talibán de nuestra legión, que como dice nuestro lema tan sólo se pierde cuando se deja de luchar. Mira el título, Jesús.