Crítica a la razón práctica

"Porque hay sueños que valen... más que todas las realidades" Antonio García Barbeito

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Lugar: Sevilla, Sevilla, Spain

3/05/2007

Como yo hablo, como tú escribes

Hoy en clase el profesor de Tecnología de la Información con motivo del próximo 28-F, ha expuesto el siguiente tema en clase: ¿Somos los andaluces vulgares en el habla?
Rápidamente las manos se han alzado, y sorpresa de mí cuando la mayoría tenía por respuesta: “Sí, deberíamos corregir nuestro dialecto, no está bien visto, se podría decir que es vago, malsonante, que chirría en los oídos norteños…”.

Qué pena.

Pero ellos no tienen la culpa de pensar así. Nos lo han metido en la cabeza desde pequeñitos. Que si somos los menos trabajadores, que si damos vergüenza ajena en los medios de comunicación, que si llevamos lo inculto por bandera, que si somos brutos, catetos… Cuando vemos una serie en televisión la muchacha suele ser andaluza, y su forma de hablar, más que andaluz, es basto. Suelen representar papeles para intentar reflejarnos en un espejo sin imagen. Porque los tópicos, son eso, tópicos, y porque vulgares los hay aquí, y en Pekín.

Además, desde un punto de vista lingüístico interno, es decir, considerando a la lengua como un sistema de comunicación, no hay razones técnicas para decir que una forma de hablar es “mejor” o “peor” que otra. Los andaluces nos comunicamos usando el sistema de la lengua española con nuestras propias características, es una manera distinta de utilizar ese mismo instrumento, y lo hacemos de acuerdo con nuestras peculiaridades históricas y culturales.
Y desde una perspectiva histórica, podemos decir que el andaluz ha ido resultando de una evolución del castellano. Al igual que éste mismo, pues el castellano resultó como un dialecto “desviado” del latín vulgar, negado por clérigos e insultado por nobles. Era el idioma del pueblo. Pero no por ello se nos pasa por la cabeza hoy que para hablar “bien” hay que volver a hablar en Latín. Lo que ocurre es que, cuando una lengua se hace “oficial” de un Estado, el modelo que se considera “ejemplar” tiende a ser, a menudo, el de la capitalidad, es decir, el lugar donde se halla la Corte.
Pero si echamos un poquito la vista atrás, veremos que antiguamente la lengua “ejemplar” era la toledana, más andalusí que castellana. Hasta que llegó Felipe II y decidió llevarse la corte a Madrid.

Por lo que él, no habla mejor que yo. Porque lo diga un rey, yo no soy vaga. Porque un acento no decide qué es lo correcto. No dice a qué hora me levanto cada día, no sentencia que no soy igual que él. Él puede ser vulgar hablando con “eses”, y yo puedo ser miembro de la RAE sin pronunciarla. Así que, andaluces, no calléis u os infravaloréis. Informaos por qué habláis como habláis, quién dijo sin criterio “esto es lo mejor”, y luego decidid, qué lengua vale más: El castellano que tú escribes, o el andaluz que yo hablo”.